
Decía Borges, que:
“El infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto.”
Y estoy medianamente de acuerdo. Digo mas allá de que eso del cielo y el infierno sean parte de toda la parafernalia que nos han vendido a fuerza de temor, con sus cuentos de manzanas, sotanas, serpientes, dogmas, viejitos célibes que saben mas del matrimonio que las parejas, y un largísimo etcétera (antes de que empiece a mencionar la pederastia y me encabrone más) en fin, mas allá de todo, definitivamente si hay un desproporción, evidentemente auspiciada por nuestro enorme ego.
Estoy de acuerdo en que hay cosas, o mas bien logros a través de la mente humana que son de aplaudirse, pero también afirmo que somos un ser (por no decir animal y que alguien se me vaya a ofender) al que le falta tomar consciencia de lo que somos, como que nosotros mismos nos tenemos en un concepto sobrevaluado.
Creo que a veces tendríamos que tener mas presentes algunos hechos antes de alabarnos como especie, por los logros científicos, los avances, etc. Mismos, que quiero aclarar que no desdeño ni mucho menos, por el contrario, los respeto y los contemplo como el contrapeso en la balanza de actos como:
Que haya gente dispuesta a matar o mejor dicho que haya gente que mata por un “concepto” (por no decir prejuicio) religioso…
Que haya soldados (ya sea todavía en activo o parte de grupos para militares u organizaciones criminales) que asesinen niños
Que haya pederastas (sacerdotes o no, son unos cerdos malditos de cualquier manera)
Asesinos en serie, acaparadores de alimentos, políticos, policías, caciques, dictadores, traidores vende-patrias, empre-saurios monopolistas, violadores, padres golpeadores o abusadores de sus hijos y tanta y tanta mierda que hay.
Pero no queremos verla, no queremos ser molestados o perturbados con la asquerosa verdad, y así mismo tratamos la tierra en la que vivimos, arrojamos la mierda al mar (como a nuestro subconsciente) creyendo que se va a ir al fondo, que nunca va a salir…pero la mierda siempre sale a flote tarde o tempranos y entonces en un ardid del intelecto hay siempre un discurso para ya sea cubrirla, justificarla, o hasta glorificarla.
Siempre habrá discursos para ensalzar “la virtud humana” pero pocos hay que quieran tomar consciencia de la misma, y la responsabilidad que eso implica, abrazar la idea de que ser “humano” es un grado que se alcanza.