Cada hombre en la faz de la tierra tiene un tesoro
que está esperando por él.
Nosotros, los corazones, acostumbramos a hablar poco de esos
tesoros, porque los hombres ya no tienen interés es
encontrarlos. Sólo hablamos de ellos a los niños.
Depués, dejamos que la vida encamine a cada uno en
dirección de su destino. Pero, infelizmente, pocos
siguen el camino que les está trazado, y que es el camino
de la leyenda personal y de la felicidad. Consideran
al mundo como algo amenazador y, justamente por
eso, el mundo se convierte en algo amenazador.
Entonces nosotros, los corazones, vamos hablando cada
vez más bajo, pero no nos callamos nunca. Y deseamos
que nuestras palabras no sean oídas, pues no
queremos que los hombres sufran porque no siguieron a
sus corazones.
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